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Review

Netflix convierte a Kylie Minogue en personaje del corazón y olvida su discografía

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La miniserie documental de tres episodios prioriza los romances sobre la música y deja fuera álbumes clave como Fever o Impossible Princess.

El documental de Kylie Minogue en Netflix prioriza los romances sobre la música

Netflix ha subido a su plataforma Kylie, una miniserie documental de tres episodios de una hora que repasa la carrera de la artista australiana desde sus días en el culebrón Vecinos hasta el reciente éxito de Padam Padam, conseguido a sus 56 años. El director Michael Harte tenía décadas de material entre manos. La pregunta es qué ha hecho con ellos.

Hombres, más que música

La respuesta, según jenesaispop.com, es bastante decepcionante para quien espere un análisis serio de su carrera. El primer capítulo orbita en torno a Jason Donovan con una extensión que cansa rápido. El segundo se centra casi por entero en Michael Hutchence, líder de INXS, cuya influencia en el giro indie de Minogue al menos justifica su presencia narrativa.

Lo más entretenido de esos dos primeros episodios, paradójicamente, es Nick Cave: cada aparición suya es una cita lapidaria. Se presenta como toxicómano, compara a sus propios fans con «psicópatas» y a las de Kylie las llama «brujas» y «malvadas», mientras Minogue recuerda aquello como «superguay». También es quien la anima a volver al pop con el argumento de que «nadie quiere ser indie a propósito».

Lo que el documental se lleva por delante

El problema de fondo es lo que queda fuera. El documental no explica cómo se construyó Fever, no aparecen sus autoras ni productores, ni el estilista y diseñador William Baker, ni Michel Gondry. Impossible Princess, disco de culto para una parte significativa de su público, apenas existe. La última década de Minogue, que incluye el álbum Disco y su etapa en BMG, queda reducida a una mención escueta a Padam Padam. X, Get Outta My Way o sus intentos en el mercado estadounidense con Body Language y Kiss Me Once tampoco aparecen.

Pete Waterman, artífice de su etapa en Stock Aitken Waterman, sí tiene presencia constante y se muestra, según la crítica, con encomiable deportividad al reconocer que en algún momento dejó de pintar nada en la vida de la artista.

El tercer episodio salva algo

El capítulo final arranca con lo que el espectador reclamaba: purpurina, arcoíris y planos de la grabación de Your Disco Needs You. Pero el peso emocional lo carga el relato de los dos diagnósticos de cáncer, uno conocido y otro revelado por primera vez. Es difícil salir de ahí sin haberse emocionado.

Al final, Kylie cumple su objetivo comercial: despertar las ganas de ver la gira del 40 aniversario y revitalizar el catálogo. Pero como documento sobre una artista con casi 40 años de carrera, es un retrato parcial, pensado para las masas. Profundizar en su música seguirá siendo tarea del periodismo especializado.