Saltar al contenido
Marbella · 15:38GMT+1En directo
Sin portada

Review

Bleachers 'everyone for ten minutes': un disco cohesivo pero sin músculo melódico

Publicado

Jack Antonoff construye un disco de heartland rock cuidado en texturas pero endeble en composición, lo que evidencia hasta qué punto depende del talento ajeno.

El problema de Jack Antonoff en solitario

La crítica al trabajo de Jack Antonoff como productor lleva años girando en torno a la misma paradoja: sus mejores momentos surgen siempre en colaboración con otras artistas. Según Jenesaispop, 'everyone for ten minutes', el nuevo disco de Bleachers, lo confirma de forma bastante clara. Lo que falta, argumentan, es precisamente el talento compositivo que aportan las artistas, normalmente femeninas, que trabajan con él. El disco no es un desastre, pero resulta endeble.

Una atmósfera bien construida, canciones poco diferenciadas

El trabajo de producción merece reconocimiento. La atmósfera es densa y coherente: baterías lejanas, saxofones, voces multiplicadas, guitarras acústicas, algún órgano Hammond y una influencia declarada de Bruce Springsteen en la instrumentación y las melodías. El disco recorre el AOR y el heartland rock con oficio. El problema es que casi ninguna canción logra despegarse del conjunto. La cohesión, tan celebrada en la prensa musical, aquí juega en contra: los temas resultan indistinguibles entre sí.

Hay excepciones relativas. 'the van' destaca por su vibra de Motown indie, 'we should talk' se adentra en el disco-rock con una referencia explícita a Fun., y 'you and forever' evoca al Boss con más convicción que el resto. Pero ninguna de ellas alcanza la accesibilidad de canciones anteriores como 'Rollercoaster'.

Letras biográficas, melodías que no acompañan

Antonoff apuesta fuerte por un lirismo personal y narrativo. 'i can't believe you're gone' alude a su hermana, fallecida en 2002. 'dirty wedding dress' habla, más que de su boda con Margaret Qualley, de las personas que pasan por tu vida y quieren un pedazo de tu alma. Hay imágenes concretas y vividas, como entrar en un Wawa en Filadelfia en el año 2000, y el propio Antonoff resume el disco como canciones de amor que acaban siendo sobre cómo la vida es un poco más tolerable porque amas a alguien.

El problema es que esas letras detalladas no encuentran el soporte melódico que necesitan. La apertura con 'Sideways' marca el tono: melancólica, estilísticamente impecable, pero difícil de recordar al cabo de unos minutos.

Conclusión

Quizá 'everyone for ten minutes' no aspiraba a ser un disco de hits. Pero cuando el mismo autor ha firmado piezas tan diferenciadas junto a otras artistas, su proyecto personal queda expuesto como algo más cercano a un ejercicio de estilo que a una declaración urgente. Cohesivo, sí. Indispensable, no tanto.