Conciertos
Russian Red y su cabaret místico 'Rojo relativo': un espectáculo tan excéntrico como inevitable
Lourdes Hernández lleva su 'cabaret místico' a El Molino de Barcelona con apenas dos temas propios, una voz extraordinaria y una escenografía de decadencia elegante.

El cabaret místico de Russian Red llega a Barcelona
El espectáculo 'Rojo relativo' de Russian Red es, ante todo, una declaración de intenciones. En una etapa marcada por la independencia discográfica, Lourdes Hernández ha diseñado una serie de conciertos íntimos que ella misma define como una especie de «cabaret místico», y que según jenesaispop.com no busca en ningún momento ser un espectáculo de pop al uso. El nombre, en improbable guiño al éxito de Tiziano Ferro de 2004, ya avisa de que aquí las reglas convencionales no aplican.
Tras sus presentaciones en el Café Berlín de Madrid, el turno fue para El Molino de Barcelona, un recinto que encaja a la perfección con el carácter íntimo del proyecto y que afrontaba la función apenas un mes antes de su cierre temporal por quejas vecinales relacionadas con el ruido. El local, que reabrió dos años antes, no volverá a abrir sus puertas hasta septiembre de 2027.
La Loca y el control oculto
Sobre el escenario aparece un personaje, La Loca, que encarna una desorientación vital y una existencia ebria. La paradoja está en que detrás de ese caos calculado hay una cantante con un control vocal fuera de lo común, capaz de moverse entre la fuerza y la vulnerabilidad sin que el tránsito suene forzado. La ropa refleja esa dualidad con eficacia: camisas caras conviviendo con trapos de segunda mano que Hernández se pone, se quita o deja caer sin aparente premeditación.
La escenografía bebe del cabaret europeo de los años veinte y treinta, con toques de teatro de objetos. El resultado es algo parecido a un camerino desordenado, una habitación adolescente o un mercadillo vintage, todo al mismo tiempo. Un tacón colgado de un pie de micrófono resume bien el tono.
Un repertorio de clásicos ajenos y pocas propias
Aquí está el punto más discutible de 'Rojo relativo': el repertorio propio se reduce a un par de canciones, y 'Cigarettes' no está entre ellas. En cambio, el setlist se apoya en versiones de clásicos como 'Gata bajo la lluvia', 'Volaré' o 'Hopelessly Devoted to You', además de una 'Pretty Woman' susurrada con la cabeza cubierta por un trapo y lecturas inesperadas de Camela. La clave está en cómo Hernández ralentiza y melancoliza todo lo que toca, esquivando el cliché con una naturalidad que recuerda, en palabras de jenesaispop.com, a «un ruiseñor enganchado al bourbon».
También hay espacio para 'I Hate You But I Love You' y para unos «speeches» cargados de filosofía entre ebria y existencial que desorientan tanto como entretienen. Un pequeño libro de frases supuestamente espirituales, como «transformar los peligros en poderes», sirve de hilo conductor e implica directamente al público.
Por qué funciona de todas formas
La experiencia de Hernández en clases de improvisación en Los Ángeles y en formación de clown se percibe en cada momento del espectáculo, que funciona como un ejercicio colectivo contra la vergüenza y la exposición vulnerable. Ella misma afirma que es lo mejor que ha hecho y que por fin se identifica plenamente con su propuesta artística. Quien la siga en redes y conozca su faceta más extravagante no encontrará ninguna sorpresa, sino la evolución lógica de alguien que lleva años siendo mucho más que sus canciones más conocidas.
La escasez de material propio le resta puntos, sí. Pero la peculiaridad del formato, la reivindicación del concierto íntimo y, sobre todo, esa voz, compensan con creces.
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