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'Cochinas' en Prime Video: nostalgia lubricada que incomoda poco
La serie creada por Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo tiene una premisa original y un reparto solvente, pero no llega a explotar todo lo que promete.
Una premisa que prometía más
'Cochinas' en Prime Video lleva ya un mes disponible bajo suscripción y, pese a contar con una premisa genuinamente original, no ha conseguido instalarse en la conversación popular. La serie sigue a una ama de casa de finales de los noventa que abre un videoclub de cine porno para evitar la ruina económica mientras su marido permanece en coma tras ser atropellado. El escenario es un barrio de Valladolid que se convierte, vía ucronía, en el epicentro de una hipotética liberación sexual protagonizada por mujeres.
El enfoque es deliberadamente exagerado y sarcástico, con cabeceras que parodian el cine porno, apariciones de Daniela Blume y guiños a Isabel Pantoja. Según Jenesaispop, la serie no esquiva la desnudez explícita, presente en varios episodios, aunque sin terminar de explotar todo lo que su planteamiento sugería.
El problema del subrayado
La comedia fue creada por Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo y dirigida por Andrea Jaurrieta, Laura M. Campos y Núria Gago. Funciona en su ligereza y mantiene un juego constante sobre el sexo en múltiples formas, cuerpos, edades y perfiles. Pero en determinados momentos recae en un enfoque didáctico y moralizante que la vuelve más blanda de lo esperado, especialmente en sus últimos capítulos.
Ejemplos de ese tono aparecen en la escena de sexo gay o en la intervención de Nines (Malena Alterio) dentro de una película porno, donde el guion detiene la acción para subrayar mensajes sobre el consentimiento. El mensaje es pertinente, pero el exceso de subrayado termina restando el ingenio y la irreverencia que la premisa prometía.
Nostalgia como lubricante, no como bisturí
Ahí está el diagnóstico más certero de la propuesta: la nostalgia se usa como lubricante estético para deslizar al público a través de la historia, no para incomodar. 'Cochinas' hace el pasado más confortable en lugar de reinterpretarlo. El resultado es una serie con discurso aparentemente actual pero con demasiada sensación de obra «people pleaser».
Lo que sí funciona
El balance no es del todo negativo. La serie se sostiene gracias a:
- Su fotografía y dirección de arte de época.
- La brevedad del formato, que impide que los tramos planos se eternicen.
- Un reparto solvente, con buenas actuaciones de Celia Morán como Chon y Álvaro Mel como Agustín.
- La historia de triángulo amoroso protagonizada por Nines (Malena Alterio), Mariano (Chani Martín) y Enric, interpretado por Albert Baró, conocido también por su aparición en un videoclip de Tame Impala.
El guion alterna aciertos cómicos, momentos emotivos y tramos más planos, dejando una sensación final de obra más contenida de lo esperado. No es la comedia desatada que algunos medios han querido ver, ni tampoco una obra que merezca defensa únicamente por sus intenciones. Es, simplemente, una serie correcta atrapada en su propia prudencia.
Para quienes buscan series españolas recientes con más mordiente, el catálogo de escena nacional ofrece alternativas que no temen incomodar.
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